FIRST MAN: El primer hombre en la luna


La nueva película de Damien Chazelle busca alejarse del registro musical al que ya nos tenía acostumbra en sus tres cintas anteriores. Por desgracia, su incursión en el mundo del biopic tiene más fallos que aciertos, por cuanto la cinta se hace pesada y no llega a emocionar lo suficiente. Tal vez la escena más emocionante y mejor lograda es la propia llegada a la luna, pero para ese momento ya la tensión irregular de la película ha hecho destrozos en la paciencia del espectador.

A destacar el esfuerzo de Chazelle por humanizar a su figura protagonista, un frecuentemente idealizado Neil Armstrong, retratado aquí como un personaje parco, con muchas dudas y con una sobriedad y seriedad que pueden ser fácilmente confundidas con mala actuación por parte de Ryan Gosling. La cinta es inmersiva, y no es difícil meterse en la piel del astronauta que pisó por vez primera la luna. Chazelle opta por mostrarnos una NASA más humanizada, las naves se sienten reales y los esfuerzos de los astronautas son creíbles, y eso favorece la tensión del momento. Se ayuda el director con planos muy cerrados y cámara al hombro, lo que le da cierta veracidad.




Tal vez el más grande fallo de la cinta es la de no alternar con mucho éxito las dos tramas que intenta desarrollar. Por una parte, la carrera espacial que EEUU libraba contra la Unión Soviética, y que llevó a los integrantes de la NASA a asumir ciertos riesgos en pos de lograr la soñada victoria. La segunda historia es el drama familiar que tenía Armstrong, desde el inicio con una dolorosa situación familiar y sus consecuencias con su esposa e hijos. El dispar ritmo alternado entre aventura tecnológica y drama familiar no favorece a la cinta, resultando un producto menos emocionante de lo que podría haber sido.

A sus escasos 33 años, Chazelle ya ha conquistado el cielo hollywoodense, y no hay duda de que le queda mucho material con el cual entretenernos. Su cinta actual, por desgracia, no hace parte de ese grupo.

BOHEMIAN RHAPSODY (De la estructura tradicional del biopic)

En la cinta que narra la creación de la gran banda Queen, se pueden escuchar dos frases que, aunque no son muy recordadas, marcan perfectamente el tono de la película.

La primera de ellas la menciona un poco reconocible Mike Myers en el papel del ejecutivo que rechazó la canción Bohemian Rhapsody por considerarla muy fuera de lo normal. 



(Valga decir acá que ese personaje es ficticio, y que representa a varias personas que tenían las mismas reservas ante la canción, entre ellas Elton John y el mismo bajista de Queen). 

La frase en cuestión la escuchamos cuando el ejecutivo dice que Bohemian Rhapsody jamás será una canción con la cual un grupo de jóvenes dentro de un auto meneen su cabeza al ritmo de la música. 




(Creo que todos recordamos a Myke Myers como Wayne disfrutando la canción y meneando la cabeza, junto a sus amigos).

La ironía viene dada por cuanto en la cinta se nos muestra a un alto ejecutivo rechazando Bohemian Rhapsody por ser muy transgresora, y sugiriendo mejor un camino más convencional, mientras que la misma película que estamos viendo decidió tomar un rumbo predecible en cuanto a su narrativa, en vez de hacer justicia a la banda y elegir una manera más revolucionaria y salida de los cánones tradicionales.

Y es que si algo destaca en la película sobre Queen, aparte obviamente de la excelente música y la actuación de Rami Malek en el papel protagonista, es su estructura tradicional muy habitual en muchas biografías de músicos: Inicio con ciertas precariedades, figura paternal que no apoya las aspiraciones del protagonista, primer encuentro prometedor con la banda (La escena del artista en el que nadie cree pero canta A capela y convence a todos la han hecho hasta en Oki Doki). Tras esto se ve la composición de un gran éxito musical, el infaltable montaje con nombres y/o imágenes de ciudades que hacen parte de la gira, el endiosamiento del protagonista gracias a la fama y el exceso de drogas, su caída al abismo y posterior resurgimiento para reivindicarse ante nuestros ojos. 

La cinta juega sobre seguro con una narración más propia de Disney que de un grupo de rock, usando una estructura que hemos visto en cientos de cintas parecidas ( The Doors, Ray, Walk the line, La Vie En Rose, Great balls of fire! o The Runaways, por nombrar unas pocas), negándonos la posibilidad de conocer al grupo más allá de lo meramente anecdótico. La grandeza de Queen merecía algo mucho mayor, ya que su leyenda es superior a su película biográfica. La riqueza conceptual de la banda está llena de esoterismo, magia, elementos circenses, disfraces, elementos del zodiaco, ópera y psicodelia, los cuales son meramente tocados en la superficie.


Es fácil imaginarse al ejecutivo real de esta película frente a los productores, la propia banda Queen, diciéndoles que una cinta salida de los formatos tradicionales jamás funcionaría, y que mejor realizaran la película de una manera más digerible para el gran público, sin correr riesgos innecesarios.




Una película, cualquier película, debe ir más allá del "ahí, está como bien, aguanta".  El cine, como todo arte, debe servir como paliativo ante lo a veces absurdo de la existencia. O mejor dicho, y para nombrar la segunda gran frase de la película: "Ser humano es un estado que requiere un poco de anestesia"

Y esta cinta es apenas un buen placebo.

BlacKkKlansman: Demasiada corrección política

Es muy llamativo como en los setentas se hacía un cine transgresor y emocionante, y como se ha ido edulcorando con el paso de las décadas, hasta encontrarnos con productos como BlacKkKlansman, una cinta más preocupada por quedar bien con el público que por darnos un solo momento emocionante.




La cinta hace homenaje al Blaxploitation, movimiento fílmico que exaltaba las virtudes de la comunidad afroamericana de principios de los 70s. Pero ese homenaje palidece ante un resultado muy poco comprometido. BlacKkKlansman nos cuenta la historial real de Ron Stallworth, el primer policía negro del departamento de policía de Colorado Springs, y quien se infiltró en el Ku Klux Klan. Desafortunadamente la promesa del personaje infiltrado no resulta tan efectiva como pareciera,por cuanto la cinta es muy predecible y sin mucho suspenso.

Spike Lee,director de la película y que siempre se ha mostrado como un director políticamente comprometido, sacrifica el posible entretenimiento por darle al producto un caracter de controversia actual que no necesita, creando un paralelo entre el Ku KluX Klan y la administración Trump (Por poner un ejemplo, David Duke, ex líder "Gran Mago"  del KKK y quien apoyó la candidatura de Trump, menciona en su diálogo la intención de hacer a América grande de nuevo, conocido slogan del actual presidente norteamericano). 


las actuaciones no son particularmente logradas,los personajes son planos y no alcanzan a emocionar al público. Los buenos son unidimensionales, y los malos no son convincentes. Una lástima que una idea tan sugerente y con tanto juego haya quedado limitada a una película demasiado correcta políticamente hablando.

KIDDING: LA PRINCESA ES EL DRAGÓN

La sola mención de Gondry ya es sinónimo de un buen resultado. El mago visual que nos sorprendió con joyas como Eternal Sunshine of the Spotless Mind y algunos de los mejores videos de Björk, The White Stripes y Foo Figthers entre muchos otros, apuesta ahora por la televisión, con la historia de Jeff Pickles, el presentador de un programa infantil que tiene una muy complicada vida privada.




Da vida a a Pickles el no menos inquietante Jim Carrey, quien a lo largo de su carrera ha bordeado la genialidad y la locura a partes iguales. Si bien en Truman Show nos daba un primer atisbo de la dualidad del personaje entre su vida perfecta, no fue sino hasta Man on the moon en la que ese desorden personal se hizo tangible, con la historia de un comediante muy complejo. Por desgracia no hemos podido ver por estos lares dos de sus mejores actuaciones, (The Bad Batch y Dark Crimes) pero sin duda en Kidding nos encontramos con su mejor trabajo, no sería de extrañar que tenga por lo menos una nominación a los Emmys. 





Kidding es amarga, linda y desagradable a partes iguales. No bien bajas la guardia ante los despliegues de imaginación de Gondry cuando el argumento te exhibe alguna escena deprimente o algún flashback duro de ver. Y es que Gondry madura, y nos muestra que lo bello y lo horrible son sólo dos caras de la misma moneda.