LA VIDA SEGÚN EL TUMBO

La gente de EL TUMBO ha lanzado su campaña de rererelanzamiento del bló con este video. Disfrútenlo:



Maria():
Te quedó muy muy bueno el video... cuando me dijiste que estabas haciendo una nueva campaña para el Tumbo no pensé que fuera algo así. Excelente :D

Mafe:
Esteeeee... sumercé yo venía a decirle que si me puede hacer un descuentico en lo de la subscripción, es que eso del descuento por nómina me está quedando de p\'arriba.

O sea, Don Vargas Vargas, el video está del requeteputísimas.
(Ya no borro a El Tumbo de mi feed)

OIMC:
El video está genial. Me pregunto, ¿por qué no la ha puesto en EL TUMBO también? Algo así como un video institucional, así sea en alguna esquinita del bló en un formato más pequeño, por ejemplo 170 X 140 (se pone este número en vez del 425 X 350 al final del código EMBED) Saludos.



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ESTABA QUE ME MARCHABA


¿Y que porque vengo a hablar de la marcha contras las farc a estas alturas del partido? La explicación es realmente sencilla y tendría la aprobación de todos los lectores si llego a darla, pero no es este el momento. Conformémonos pues con una escueta descripción de la historia, que empezó una buena tarde en un centro comercial. He de decir que no pensaba yo ir a la marcha, no tanto por no apoyarla, sino porque pienso que mi pequeña presencia en la marcha no ha marcado mayor diferencia en el destino del país.


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Aunque me gusta pensarlo, no creo que los dirigentes de las farc hayan exclamado: "¿Como así? ¿::::WEBARGAS:::: marchó?, no, no, no, liberemos a los secuestrados y entreguemos las armas, esto es ya el acabóse". Es más, hubiera hecho más convocando a través de los blós y quedándome cómodamente en la casa. Pero no tenía gran cosa que hacer, y cuando una mujer como Betty Blue le dice a uno "¿Que haces el lunes?" mientras lo mira con esos peligrosos ojos el ingenio para inventar excusas es reemplazado por esa improductiva combinación entre el deseo de hacer favores y la imposibilidad de negarse a un pedido femenino. Varones han iniciado guerras, invadido indefensos pueblos, escrito odas y odas o, en mi caso, caminado bajo un sol infernal por una mujer. Así que arrancamos un poco antes del punto de la calle 76 en donde, no bien llegar, me di cuenta que mi marcha por la paz empezaba a tener sentido. La increible cantidad de pitos que sonaban desde todos los puntos, unido a los eufóricos gritos de los compatriotas, mandaron por el piso mi esperanza de que en este país se marchara en silencio, e hicieron que para mis adentros pidiera paz. esa noche no vi reportes negativos de la marcha, pero se que la más damnificada con esta idea fue la piel de mi rostro la cual, en un ataque de soberbia y estupidez, rehusé a proteger con bloqueador, con la colombiana de "yo no me quemo, si estuve en Cartagena y todo." Olvidaba yo que el sol de Bogotá es el que más quema. Nada más memorable hasta el Parque Nacional, salvo de pronto un perro con camiseta que despertó la algarabía de quienes lo veían. Intenté unirme a los que se le acercaban suponiendo que le iban a quitar tan incómoda prenda, pero noté con estupefacción que la correría tenía por finalidad fotografiarse con el utilizado can. Paramos a recargar energías en un restaurante cercano al parque, luego de unas buenas cuarenta cuadras bajo el inclemente acoso de "el mono", y concluimos nuestra gloriosa gesta en la calle 17, cuando el grueso del vocabulario empleado en las arengas unido a la proximidad de sujetos sospechosos y poco relacionados con los patrióticos objetivos de los que ibamos de blanco nos hizo desistir de seguir y, haciendo cuentas, técnicamente caminamos una buena distancia de apoyo, si no gritando y convencido, por lo menos no con la frivolidad de un grupo de niñas que vi tomándose fotos, auguro que para el facebook, con la expresión de "marchamos, marikis, estamos en el centro". Y ya. Mi rostro estuvo una semana descarapelándose hasta volver a su habitual e interesante aspecto, tuve los oidos tapados producto de los desgraciados pitos que tanto sonaron ese día,y menos mal el resto del día estuvo bien, es decir, luego de dejar la marcha. Espero haya servido de algo. Por lo menos, a mi me enseñó que no importa cuanto haya paseado, uno se quema es en Bogotá.


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Gerente:
si señor, uno se quema es en bogotá, pero uno es un Varón, el protector es para las viejas y las viejas para uno?

Galo:
Muchas gracias a doña Betty Blue por convencerte. Seguramente tampoco habrán dicho, \"Galo marchó, nos jodimos\" pero era algo que había que hacer. Lo del sol en Bogotá es cierto, menos mal yo ya había aprendido en Rionegro que el sol de clima frío es el que más quema, además de los cachetes rojos de gran parte de los habitantes de la capital que le indican a uno el peligro. Buena idea la de hablar tarde, ya a uno se le pasa el hastío y puede volver a hablar del tema. Saludos.

Jorge:
El pito antiterrorista también resultó pito antiwebargas?

Jota:
Pues sí, las mujeres hacen lo que quieren con uno.. desde hacerlo quemarse hasta la detestable salida a hacer compras...
saludos


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CARTA ABIERTA A DANIA EN BUENOS AIRES


Historiadores han afirmado que, al igual que se dice, SantaFé de Bogotá fue fundada en el Chorro de Quevedo, su paralelo en las tierras gauchas ha sido el parque Lezama, donde se cree ha nacido Buenos Aires.

En ese mismo parque está la estatua de Ceres, frente a la cual se sentó el Martín de Sobre Héroes y Tumbas y dió inicio a una de las mejores novelas que he leido en mi vida.



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Me muero, literal y metafóricamente, de la envidia, si llego a saber que pasate por allá, ya que personalmente deseo estar allá y ver la estatua con mis propios ojos.

Pero me alegra que hayas ido allá, se que querías ir, espero no te mate la soledad, que es marca registrada de la sociedad argentina, o que lo diga el tango que nació de la unión de dos soledades, la del gaucho que venía de la pampa y la del inmigrante que llegaba a una ciudad desconocida.

Es la tierra de la nostalgia más que la ciudad de la furia, donde cada Martín va con esperanza y miedo de encontrar a su Alejandra.
Mucha suerte. Y como no despedirme con las palabras de el Maestro:

He vuelto a aquel banco del Parque Lezama, lo mismo que entonces se oye la noche, la sorda sirena de un barco lejano. Mis ojos nublados te buscan en vano. Después de diez años he vuelto aquí solo, soñando aquel tiempo, oyendo aquel barco. Mis penas vencieron. El tiempo y la lluvia, el viento y la muerte, ya todo llevaron.
Ernesto Sábato



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Dania:
precisamente llegue a Buenos Aires producto de querer estar sola, tal vez a los inmigrantes les sudcedio lo mismo. Pero aunque pregunte por todos lados en ese parque no se encuentra esa estatua.

Jota:
Y yo estuve ahí hace un par de años...

Mafe:
Yo también.



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BETTY BLUE (Parte II)


Es difícil hablar de unos ojos verdes, profundos, sin caer en los clichés habituales y las metáforas ya desgastadas. Pero ¿Que más dice uno? Quisiera haber nacido en una época más dada a la poesía, cuando era una virtud admirable y no una característica mamerta. Pero estamos en este país y en el siglo XXI, así que no tengo más remedio que decirlo escuétamente: Betty Blue tiene unos ojos verdes, profundos.

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Unos ojos verdes profundos y un genio de los mil demonios. Bueno, no, de unos 300 o 400 demonios, pero los suficientes para que su baja estatura pase desapercibida cuando un pobre parroquiano despierte su enojo. Fue lo primero que pensé cuando, a la hora en que debiamos vernos, una cita acordada con unos seis años de retraso, me llamó mientras estaba yo a una estación del Transmilenio de distancia. Calmé su afán
con el típico "Llego en diez minutos". Poco sabía que el complot cósmico que no desea verme feliz seguiría tan de cerca mis pasos, cerrando la estación que me servía y dejándome bajar veinte minutos después. Ese lapso de tiempo lo utilicé clavándome mis cortas uñas de la mano izquierda en el dorso de la mano derecha y viceversa, maldiciéndome por no haber tenido la prevención de pedirle su número de celular y esperando que me esperara. Ya nos habíamos cruzado más que casualmente varias veces a lo largo de 15 años, así que una cita puntual no era algo para desperdiciarse. Me pareció digna de admiración la salida que el complot me destinaba. Encontrar a Betty Blue, concordar una cita en un bar y hacer lo posible para que yo no llegara a la misma. Bien es cierto que mi cobardía me impediría volver a buscarla por un buen tiempo si la dejaba plantada, así que aproveché que empezó a llover tan pronto me bajé del transmi para salir a correr cinematográficamente entre el tránsito e introducirme afanosamente en un taxi que se encontraba cerca. El posterior trancón y la cara aburrida del chofer me demostró que mi sobreactuada entrada era exagerada, así que me abstuve de darle un billete de cien dólares, pedirle que ignorara los semáforos y siguiera ese auto (inexistente), y en vez de eso me hundí en el asiento a recordar el rostro de Betty Blue e intentar ignorar "La luciérnaga".
Betty Blue tiene una amplia sonrisa. Generosa, pero no facilista, que niega cuando el apunte no es de su agrado. Lo se, he dicho varios desafortunados comentarios que ella no duda en desaprobar con un severo movimiento de cabeza, cuyo impacto sin embargo aminora con una mirada que asumo es de "pobrecito". Pero cuando algo le agrada no duda en sonreir. Y lo más sorprendente es que empieza en los ojos, los cuales sonrien primero, unos instantes antes de ser seguidos por un sencillo rictus "in crescendo" que se transforma en risa y, cuando estoy bien lúcido, en sonora carcajada en tres tiempos, dos de risa y uno de respiración. Así que se puede saber si lo que uno dijo le agrada y va a soltar su rítmica risa leyendo detenidamente sus ojos. Algo que sería seguro de hacer si no fueran tan profundos.

Hallábame en estas cavilaciones cuando noté que mi limitada experiencia deportiva me permitiría, sin embargo, llegar corriendo desde donde me encontraba hasta el bar, así que pagué la carrera hasta ese punto y empecé mi recorrido, dándome ánimos repitiéndome: "me va a matar, me va a matar, me va a matar".
Mientras recitaba este útil mantra entró su llamada, corroborándome amablemente que si no llegaba en diez minutos iba a hacer realidad esta retahila. Recuerdo que en el pasado me saludaba en el teléfono con un "¿Cómo tás?", no se ha donde se ha ido ese sonoro saludo, reemplazado en ese momento por un "¿Dónde andas?", "Si no llegas en diez minutos me voy, te lo juro".
No se cuanto tardé en llegar al bar, murphycamente ubicado en el segundo piso en una casa sobre una carrera a demasiados metros sobre el nivel del mar, esperando que Betty Blue estuviera aún sentada,
esperando...
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gerente
\"Yo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, pero yo los he visto. De seguro no los podré describir tal cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad de verano.» Bienvenidos a este relato del maestro de las leyendas,\"
Gustavo Adolfo Bécquer.


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PARA LO DE LA BLOGJUAN DE FEBRERO


Motivo marcha no me extiendo, así que ya saben RevistaBLOGJUAN.com
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Ah, hombre Webargas, no había sacado el ratico para agradecer el que me haya incluido en tan prestigiosa revista/blog: Velvet.

Original lo de los deditos... extraño mi pseudo-aparición en BLOGJUAN: BetaChan.